Tres veces por semana, cuatro horas cada vez, con diabetes, una pierna amputada y con una meta: llegar al trasplante
Marcelo Cuenca Fidel tiene 60 años, vive en Posadas y cada lunes, miércoles y viernes llega al Hospital Escuela de Agudos “Dr. Ramón Madariaga” a las nueve de la mañana para conectarse a una máquina que hace el trabajo que sus riñones ya no pueden hacer. Llegó hasta ahí después de una cadena de golpes que la diabetes le fue asestando uno a uno: primero le amputaron una pierna y luego sufrió una embolia. Ahora, doce horas semanales en la sala de hemodiálisis son el límite entre su vida y su muerte. Su historia condensa, con una honestidad descarnada, lo que significa vivir con insuficiencia renal crónica en el sistema público y lo que el Servicio de Nefrología del Madariaga representa para cientos de misioneros sin otra alternativa.
Una máquina como segundo corazón
“Si no hago la diálisis, me muero”, dice Marcelo sin rodeos, con la serenidad de quien ya procesó lo que muchos tardarían años en aceptar. La frase no es hipérbole: es un diagnóstico de vida. Llega los lunes a las nueve, y se va a las tres o cuatro de la tarde. El martes tiene libre. El miércoles, de vuelta. Y así, semana tras semana, en un ciclo que no admite excepciones. La hemodiálisis es un procedimiento mediante el cual se extrae la sangre del cuerpo, se la filtra a través de una máquina que actúa como riñón artificial y luego se la devuelve limpia al paciente.
El proceso dura alrededor de cuatro horas y se realiza tres veces por semana. Para Marcelo, esas sesiones son también el límite de su movilidad: “No tengo una movilidad para decirme, mirá, me voy a hacer un trabajo o trabajar en algo específico. No se puede, porque estar en el hospital es complicado, pero es por mi salud también”.

La diabetes como punto de partida de un calvario
La historia de Marcelo es, ante todo, la historia de una enfermedad que avanzó sin que nadie pudiera detenerla del todo. La diabetes fue el origen de todo, el detonante que encadenó las complicaciones. Primero la amputación de una pierna. Luego la embolia. Y finalmente, el colapso renal.
No es un caso aislado. Durante 2025, el Madariaga coordinó el proyecto HEARTS-D, enfocado en diabetes e hipertensión, que permitió capacitar equipos de salud de toda la provincia, posicionando al hospital como centro de referencia provincial y regional en la materia. La historia de Marcelo ilustra, en carne propia, por qué la detección precoz de esas patologías no es un dato estadístico sino una cuestión de vida o muerte.
“Los chicos de enfermería son muy amables”
En ese marco de fragilidad física y emocional, el factor humano cobra una dimensión que ninguna máquina puede reemplazar. Marcelo lo sabe y lo reconoce sin dudar: “Con el personal de enfermería como los doctores, nos contiene bastante, porque es complicada una situación así, muy complicada”. Y agrega: “Los chicos de acá de enfermería tratan de ser muy amables, muy cordiales, porque ellos tienen que conectarme, desconectarme. De paso nos miran, nos controlan, a ver si mi presión está alta o la diabetes está algo para solucionar”.
La jefa del Servicio de Nefrología del Madariaga, Dra. Irene Paz, señaló que el modelo de atención no solo cubre el diagnóstico y la atención médica, sino que también incluye acompañamiento psicológico y nutricional, ya que las enfermedades renales afectan profundamente la calidad de vida de las personas. Ese abordaje integral que describe la especialista coincide con lo que Marcelo experimenta en su rutina semanal: las alarmas de las máquinas que alertan al personal, la mirada atenta, la contención.
“Digamos que están siempre atentos en ese sentido. No tenemos ningún problema”, resume.
La familia, el otro pilar
Marcelo no enfrenta este camino solo. Tiene dos hijos que lo acompañan y que hacen posible que los traslados al hospital no sean otro obstáculo en una vida que ya acumula demasiados. “Tengo dos hijos, no tengo problema de moverme, de estar acompañado”, dice. El sostén familiar emerge como una variable crítica en tratamientos de larga duración donde el agotamiento emocional puede ser tan demoledor como la enfermedad misma. “A veces sí, según el estado de ánimo de cada uno también, porque hay días que venís y estás bien y hay días que estás bajoneado y no pasa nunca la hora”, confiesa con una honestidad que desarma.
El trasplante: la meta que lo mantiene en pie
En medio de ese desgaste, hay una luz que orienta cada sesión: el trasplante renal. Marcelo está completando todos los estudios necesarios para ingresar a la lista de espera. “Me estoy haciendo todos los estudios para el día de mañana hacer un trasplante. Llegar al trasplante y por cinco, seis años o diez, como dicen, no venir más a diálisis.” La expectativa no es abstracta.
En 2025, el Madariaga ya viene siendo destacado como referente en trasplante de órganos dentro de la provincia, con un promedio estable de 30 trasplantes renales anuales, lo que posiciona a Misiones como la provincia que más trasplantes renales realiza del país en relación con su población. En 2025 también se creó una Unidad de Trasplante destinada a agilizar los estudios pretrasplante para pacientes de toda la red pública provincial, con el objetivo de que quienes están en terapias sustitutivas puedan ingresar de forma temprana a las listas de espera.
Marcelo ya transita ese camino. “Llegar al trasplante para retocar su vida”, dice, con esa cadencia posadeña que mezcla resignación y esperanza en partes iguales. “Una vida bastante normal, digamos, cotidiana, donde uno puede hacer un montón de actividades que en este momento no se puede.”
Números que dan marco a una historia personal
La historia de Marcelo no es excepcional. Es, en todo caso, representativa de una realidad que el Servicio de Nefrología del Madariaga enfrenta con cifras récord. En 2025, el servicio realizó más de 14 mil prácticas, incluyendo más de 2.300 consultas de demanda espontánea, cerca de 2.200 consultas programadas, 6.400 tratamientos de hemodiálisis crónica, más de 3.100 diálisis agudas y más de 70 biopsias renales. Actualmente, 50 pacientes reciben hemodiálisis crónica en el Madariaga y entre 7 y 10 pacientes por día requieren tratamiento agudo por insuficiencia renal temporal. Cada uno de ellos, como Marcelo, depende de esas máquinas para seguir con vida.
La Fundación Parque de la Salud: inversión sostenida con impacto humano
Detrás de la contención que Marcelo recibe, de las alarmas que suenan y del personal que responde, hay una decisión política y una inversión institucional que no improvisa. La Fundación Parque de la Salud, articulada con el Gobierno de la Provincia de Misiones, es el motor silencioso que sostiene la infraestructura tecnológica del Madariaga.
El Hospital Escuela de Agudos “Dr. Ramón Madariaga” incorporó equipos de última generación de tecnología alemana B-Braun modelo Dialog+ de hemodiálisis, una inversión impulsada por la Fundación Parque de la Salud y el Gobierno de Misiones que busca optimizar las prestaciones para pacientes en el Servicio de Nefrología y Hemodiálisis, posicionando al Madariaga como referente en el NEA y en todo el país.
La tecnología no es un fin en sí mismo, sino el medio para garantizar que pacientes como Marcelo tengan acceso a tratamientos de alta complejidad sin salir de la provincia. La Fundación Parque de la Salud junto al Gobierno de Misiones se caracterizan por la inyección permanente y sin interrupciones de inversiones al sector sanitario, lo que hace que la formación de recurso humano junto a los profesionales garantice un factor humano idóneo para el tratamiento de las patologías.
Ese modelo, tecnología de vanguardia más equipo profesional formado localmente, es el que permite que Marcelo pueda decir, con alivio genuino: “Son muy buenas personas que nos ayudan, porque nosotros necesitamos ayuda”.
Marcelo Cuenca Fidel volvió a su casa ese miércoles cerca de las cuatro de la tarde. El viernes, a las nueve, estará de vuelta. Y así, hasta el trasplante.

Prensa Hospital Escuela de Agudos «Dr. Ramón Madariaga»
#ANGuacurari



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