Con el cierre del 2025, la senadora nacional por Misiones, Sonia Rojas Decut, dialogó en exclusiva con la ANG sobre lo que dejó un año difícil y planteó los desafíos estructurales que enfrenta la Argentina. Destacó a la educación, la innovación, el agro y la bioeconomía como ejes centrales de un nuevo modelo de desarrollo sostenible y federal. Subrayó el valor de la previsibilidad, la articulación público–privada y la inteligencia artificial para generar empleo de calidad y crecimiento real. De cara a 2026, llamó a construir futuro con esperanza, responsabilidad y una fuerte apuesta al talento y al trabajo argentino.
– ¿Cómo evalúa el cierre del 2025 de gestión en un contexto nacional complejo?
– Cerramos un año bisagra. La Argentina atravesó tensiones económicas, políticas y sociales profundas, pero también como cada año se abren oportunidades. El 2025 fue un año duro para miles de familias argentinas, con incertidumbre, angustias y renuncias. Muchos hicieron enormes esfuerzos para sostener sus hogares, sus trabajos, sus sueños, hubo dolor y una carga emocional significativa que atravesó la vida cotidiana de nuestra gente.
Pero también creemos profundamente que nuestra tarea política es transformar esa adversidad en esperanza concreta, con responsabilidad y rumbo claro. Estamos ante la posibilidad de pensar un modelo de país a largo plazo, algo que conseguimos hace tiempo en Misiones.
El desafío es reinstalar como país la idea de proyecto común, con más futuro que pasado, priorizando la productividad, la innovación, el desarrollo federal y principalmente, la educación como motor del progreso. Porque sin previsibilidad no hay inversión, pero sin talento formado tampoco hay futuro sostenible. Tenemos el desafío de repensar nuestra base de desarrollo desde la diversidad, la complejidad y la pluralidad de ideas, alejándonos de los debates simplistas.

– ¿Cuáles considera que fueron los principales logros alcanzados?
– Creo que logramos consensos como sociedad, que no podemos gastar más que lo tenemos, que la educación debe estar en primer plano, que el conocimiento es central para la innovación… reconocer al sector productivo, el agro, la bioindustria y la bioeconomía como motores del desarrollo, si queremos apuntar al crecimiento debemos reinstalar una agenda de competitividad: infraestructura, innovación, talento y articulación público–privada e impulso al comercio.
Algo clave para nuestro país será poner a la educación en el centro del debate productivo y de las nuevas fórmulas del trabajo. Los misioneros entendemos que, sin educación vinculada a la economía real, no hay desarrollo posible, por eso desarrollamos nuestro ecosistema de educación disruptiva.
Sabemos que no son resultados instantáneos, pero sí son las condiciones imprescindibles para crecer de manera sostenida, así que el rol de quienes representamos a Misiones será clave en este eje, nosotros hace años impulsamos una infraestructura que interpela al sistema de educación formal para adaptarse a las demandas de formación de capital humano para la nueva economía.

– Frente a un escenario adverso, ¿cómo impacta esta realidad en la toma de decisiones?
– Nos obliga a priorizar lo estructural por sobre lo coyuntural. No alcanza con administrar la urgencia: es indispensable tomar decisiones que habiliten inversión, tecnología, empleo de calidad y formación permanente. Son decisiones difíciles, muchas veces incomprendidas, pero necesarias si realmente queremos crecer de manera real.
Y también hay algo importante: las decisiones estructurales no son frías. Detrás de cada medida hay familias, trabajadores, jóvenes que esperan oportunidades reales. Por eso, aunque a veces no sean las decisiones más populares, deben ser profundamente responsables y humanas. Pensar en el hoy, pero sobre todo en la vida de las próximas generaciones.
Eso implica reglas claras, previsibilidad fiscal, mirada federal y una política educativa alineada con los desafíos productivos del país. En Misiones lo demostramos: cuando hay visión estratégica, innovación educativa y alianza con el sector productivo, incluso en contextos complejos se puede crecer.

– ¿Por qué el agro es clave para el nuevo modelo de desarrollo argentino?
– El agro argentino hoy compite en grandes ligas: produce con eficiencia, incorpora tecnología, lidera en sostenibilidad y sostiene miles de pymes en todo el territorio. Ante las crisis alimentaria y climática global, el mundo demanda de alimentos con trazabilidad, conocimiento, datos y bajo impacto ambiental.
El agro ya no es solo producción primaria: es agroioindustria, ciencia aplicada, bioeconomía, inteligencia artificial, biotecnología, software y talento calificado, en Misiones ese ecosistema además está garantizado por un sistema de leyes que garantizan la producción sustentable y una infraestructura para mantener alta calidad en todas las cadenas de valor. Y esto nos vuelve a conectar con la educación disruptiva: sin formación de calidad no hay competitividad futura.
– ¿Qué reformas estructurales son indispensables para liberar el potencial de Argentina?
– Hay ejes que son necesarios como la Infraestructura estratégica para reducir costos logísticos, además de un sistema impositivo que reconozca la inversión, el empleo y la tecnología.
Para captar las grandes inversiones que hoy el país requiere debemos garantizar por sobre todas las cosas previsibilidad macroeconómica y reglas estables, sobre todo en sectores como el energético, minero, turístico y tecnológico. En cuanto a reformas estructurales no puede quedar afuera el camino para lograr el máximo potencial, la educación, es indispensable refundar un sistema educativo moderno, vinculado al trabajo, al emprendedurismo, a la ciencia, a la tecnología y a la innovación productiva.
Estas reformas no son ideológicas, son técnicas, necesarias y urgentes, requiere de la voz, la mirada y la participación de todos los sectores involucrados, la capacidad de reinventarnos y pensar en nuevas formas de organizarnos es algo que nos involucra a todos.

– ¿Qué rol juegan la innovación y la inteligencia artificial en este proceso?
– La innovación es el lenguaje del futuro productivo argentino. La IA y las tecnologías exponenciales nos permiten tomar mejores decisiones, optimizar recursos, reducir costos, producir de manera más sostenible, eficiente y generar empleo de mayor calidad.
La innovación es la herramienta que eleva la productividad y el salario real. Por eso necesitamos políticas y un sistema de leyes que acompañen la inversión en ciencia aplicada y en formación de talento vinculado a la producción y a la industria.
Si articulamos escuelas, universidades, sector productivo y emprendedurismo, muchas ciudades del interior pueden convertirse en polos de innovación y empleo del futuro. En Misiones lo demostramos cada día: educación disruptiva, conectada con producción real y con la nueva economía, la economía del conocimiento. Sabemos que el principal activo está en nuestras mentes, en la capacidad de inventiva de las personas
– ¿Qué importancia tiene la colaboración público–privada?
– Es estratégica. El desarrollo moderno se construye cuando estado, sector productivo, ciencia y educación trabajan alineados en objetivos comunes, estas alianzas generan como una gran mente maestra. Cuando hay evidencia técnica, visión compartida y reglas claras, se multiplican los impactos económicos, sociales y ambientales. Así se construye desarrollo real: en red, con responsabilidad, competitividad y mirada humana.

– En un escenario nacional complejo y cambiante ¿cuánto valor adquiere la visión estratégica y el liderazgo del conductor del Misionerismo Neo, el Ing. Carlos Rovira?
– En un país que muchas veces parece moverse entre la incertidumbre y los ciclos de ensayo y error, la visión estratégica de legado de Carlos Rovira adquiere un valor único y profundamente humano: el valor de quien supo ver antes, construir cuando otros dudaban y sostener un rumbo sin claudicar, incluso en los momentos más difíciles.
Su liderazgo no nace de la improvisación, sino de algo mucho más grande: de la inteligencia política, de la sensibilidad social, del amor real por Misiones y de su convicción profunda de que nuestro pueblo merece un destino superior.
Rovira para nosotros es el líder que interpreta los tiempos y se adelanta a ellos. Entendió que la nueva era no se gobierna con consignas vacías, sino con educación disruptiva, innovación real, ciencia aplicada, desarrollo productivo, disciplina fiscal y gobernanza moderna.
Mientras una parte del país sigue discutiendo el pasado, Misiones bajo su conducción construyó futuro, y lo hizo con algo que muy pocos logran: estabilidad política, orden económico, previsibilidad institucional y una profunda identidad provincial, que hoy es ejemplo para otros lideres, eso lo vemos desde el senado.
Su liderazgo tiene una virtud que hoy la sociedad valora enormemente: da seguridad, da horizonte, da pertenencia. Transforma esperanza en decisión, visión en política pública y el sueño colectivo en resultados concretos. Por su visión estratégica el conduce para la próxima generación.
Hoy, cuando el país mira hacia dónde ir, la ingeniería política del Misionerismo Neo, con su estrategia, su capacidad de diseñar y ejecutar políticas de largo plazo sumado a su defensa implacable del interés provincial, se convierte no solo en un modelo para Misiones, sino en una inspiración para Argentina. En este sentido Misiones no compite con el país: le ofrece una salida inteligente, moderna, humana y posible. Y eso no es casualidad: es liderazgo, es conducción, es visión. Es la política puesta al servicio del pueblo, con dirección clara: de Misiones a la Nación, con valores, identidad, futuro y el sello inconfundible del liderazgo de Carlos Rovira.

– Mirando al 2026, ¿qué mensaje de futuro le daría a la sociedad?
– Que tenemos que aprovechar la expectativa positiva de futuro, porque la oportunidad es real y cada año se renueva. Creemos profundamente en la fuerza de nuestra gente: en los docentes que sostienen esperanza en las aulas, en los productores que no se rinden, en los emprendedores que siguen generando innovación, en los jóvenes que quieren quedarse en su tierra construyendo futuro. No estamos condenados a la resignación; estamos llamados a construir una Argentina mejor.
Para transformar estas variables en bienestar humano se requiere decisión política, madurez y una profunda opción por la educación, la innovación y el trabajo genuino.
Si logramos consolidar un entorno competitivo y previsible, y garantizamos una educación de calidad alineada al desarrollo productivo, el agro, la bioindustria, la energía, la minería y la economía del conocimiento serán nuestras plataformas de crecimiento.
Argentina tiene todo lo que el mundo necesita. Lo que viene puede ser mejor, y depende de nosotros. Si elegimos objetivos comunes, si defendemos el futuro con inteligencia, visión y coraje, Argentina puede y debe ser líder global. Elijamos creer en nuestro pueblo, en nuestra capacidad de resiliencia y en nuestra enorme fuerza para construir juntos el país que nos merecemos como argentinos.
Dirección y Coordinación General: Walter López
AGENCIA DE NOTICIAS GUACURARÍ



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