En el marco del Día Internacional de la Mujer, se destaca el compromiso de mujeres que, a través de las Bibliotecas Futuras, trabajan en los barrios acompañando a las infancias y fortaleciendo espacios de educación y contención comunitaria.
En una entrevista exclusiva para Mujeres Guacurarí en Acción, Natalia Giménez, coordinadora de la Red, explicó que, según estadísticas del INDEC, en Argentina las mujeres dedican en promedio 6,4 horas diarias al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, casi el doble que los varones. Esta brecha de más de tres horas por día limita sus oportunidades laborales, educativas y políticas, y explica gran parte de las desigualdades en la autonomía económica en el país.
En ese contexto, el lunes 9 de marzo la Red de Bibliotecas Futura iniciará su ciclo 2026 con una convicción clara como punto de partida: “Abrir las puertas en cada barrio no es repetir una rutina: es ratificar que el cuidado organizado comunitariamente es una de las herramientas más poderosas para desandar desigualdades estructurales”.
En los espacios donde funcionan las Bibliotecas Futura se repite una escena cotidiana: una mujer —madre, vecina o promotora— organiza el lugar, recibe a los chicos y chicas, escucha, acompaña y sostiene. Sin embargo, lo novedoso es que ese trabajo se reconoce hoy como una tarea política, colectiva y transformadora.
En ese sentido, los espacios comunitarios que acompañan las trayectorias escolares cumplen un rol que excede lo pedagógico. Cuando una biblioteca acompaña la escolaridad de una niña o un niño, también está liberando tiempo, aliviando cargas y ampliando horizontes, especialmente para las mujeres que históricamente han sostenido estas tareas en soledad y sin reconocimiento.
Ese tiempo, sin embargo, no aparece por arte de magia. Lo hacen posible otras mujeres —promotoras educativas, vecinas y coordinadoras— que organizan el cuidado de manera colectiva para que ninguna tenga que sostenerlo sola.

Una infraestructura de cuidado construida por mujeres
Las tareas de acompañar la escolaridad, brindar contención emocional y sostener vínculos han recaído durante siglos sobre las mujeres, no por elección sino por mandato social. Las Bibliotecas Futura no ignoran esa realidad: la interpelan y la transforman, convirtiendo el cuidado en una responsabilidad compartida, territorializada y organizada.
Giménez explicó que Argentina cuenta con más de 2.000 bibliotecas populares distribuidas en todo el país, una de las redes culturales comunitarias más extensas de América Latina. Diversas investigaciones muestran que las mujeres ocupan un rol central en la gestión cotidiana de estos espacios, desde la coordinación de actividades culturales hasta el acompañamiento educativo de niñas y niños.
Datos del Sistema de Información Cultural de la Argentina indican que siete de cada diez personas que participan en bibliotecas populares son mujeres, lo que evidencia su papel clave en la mediación cultural, el trabajo educativo y la organización comunitaria.
Son las promotoras educativas —formadas en el propio territorio— quienes encarnan este cambio. Su labor articula familias, escuelas e instituciones locales y construye lo que Natalia define con precisión como “una trinchera de cuidados”. No se trata de una metáfora, sino de la descripción de lo que ocurre cada tarde cuando una biblioteca comunitaria garantiza presencia y acompañamiento en contextos donde muchas otras cosas son inestables. “Cuidar desde la organización colectiva es una forma de hacer política”, afirma Giménez. “Cuando una madre sabe que hay un espacio que acompaña a su hijo o hija, no solo descansa una carga: recupera tiempo propio, posibilidades y voz. Eso no es un beneficio secundario del proyecto; es parte central de lo que buscamos”.

Sostener la escolaridad también es igualdad de género
Para 2026, la Red proyecta sostener alrededor de 60 horas de actividades educativas en distintos barrios de Posadas, acompañando a cerca de 150 niñas y niños en sus procesos escolares y en espacios lúdicos y artísticos.
Detrás de cada número hay historias concretas: la de una niña que consolida su comprensión lectora, la de un niño que encuentra contención y también la de una mujer que puede participar de la vida comunitaria porque sabe que sus hijos están cuidados. “Sin comprensión lectora no hay continuidad educativa posible ni igualdad real de oportunidades”, sostiene Giménez.
Un mensaje en el Día Internacional de la Mujer
Para finalizar, Natalia dejó un mensaje en el marco de esta fecha: “Ninguna desigualdad se desmonta sola y ninguna conquista se sostiene en soledad. Hoy, como cada día, elegimos encontrarnos, mirarnos a los ojos y reconocernos. La fuerza no viene de ser perfectas, sino de estar presentes”.
Además, compartió tres compromisos para este tiempo:
– Estar unidas. La unidad no borra las diferencias: las honra. Nos necesitamos diversas, cercanas y dispuestas a escucharnos de verdad.
– Permanecer atentas. La atención es un acto político. Ver lo que le pasa a la otra, nombrar lo que duele y actuar en consecuencia: eso es sororidad en movimiento.
– Sostener el camino. Los cambios profundos se construyen con constancia. Cada gesto cotidiano de cuidado, organización y presencia es parte de la transformación.
Proyecto Mujeres Guacurarí en Acción
AGENCIA DE NOTICIAS GUACURARÍ



Facebook
Twitter
Instagram
Google+
YouTube
RSS