Productores y tareferos atraviesan un escenario de fuerte deterioro económico y social. Denuncian desregulación, caída de precios y un INYM que dejó de cumplir su función.
En pleno inicio del año productivo, el sector yerbatero misionero se encuentra atravesado por la incertidumbre y el desaliento. La falta de precios de referencia, el retroceso de los controles y la caída del valor de la hoja verde configuran un escenario que productores y trabajadores describen como uno de los más críticos de las últimas décadas.
Antonio França, titular de la Asociación Civil de Productores Tareferos del Alto Uruguay, afirmó que la situación actual no tiene precedentes en los últimos 20 años y supera incluso los momentos más difíciles de la década del ’90. Según explicó, el deterioro no es solo económico, sino también institucional y social, con consecuencias directas en las chacras, las cooperativas y el empleo rural.
Uno de los ejes centrales del reclamo es el rol del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM). França sostuvo que, tras casi dos años de acefalía, la designación de un presidente generó expectativas que rápidamente se diluyeron. A su entender, el organismo dejó de actuar como una herramienta de equilibrio y previsibilidad, y hoy opera sin las facultades plenas establecidas por la Ley 25.564.
En diálogo con FM Santa María de las Misiones, el dirigente cuestionó además una serie de resoluciones internas que, con aval del directorio, debilitaron la fiscalización, modificaron criterios de calidad y derivaron en el despido de personal clave del instituto, especialmente en áreas de control y registros. Advirtió que esta situación afecta tanto al productor como al consumidor, al perderse garantías sobre el producto que llega al mercado.
La desregulación impulsada a nivel nacional aparece como factor determinante. França señaló que la eliminación de límites a las plantaciones y la ausencia de controles posteriores habilitaron irregularidades y profundizaron el desequilibrio en la cadena. En ese contexto, remarcó la falta total de un precio mínimo para la hoja verde, un reclamo histórico del sector.
El impacto económico ya es visible en las zonas productoras. En el Alto Uruguay se multiplican las chacras abandonadas y los productores que no pueden sostener la actividad. El precio en planta cayó de 70 pesos a valores de entre 60 y 50 pesos por kilo, mientras los costos continúan en alza. A esto se suma la dificultad para cobrar cosechas anteriores, con cheques que no pudieron efectivizarse.
Para los tareferos, la situación es aún más crítica. Hoy se pagan entre 40 y 50 mil pesos por tonelada cosechada, una tarea que puede demandar hasta dos días de trabajo. Esa ecuación vuelve inviable la actividad y empuja a muchos trabajadores a abandonar el sector ante la falta de alternativas.
França advirtió que, si no se producen cambios de fondo, el escenario que se avecina es de quiebras generalizadas entre pequeños y medianos productores, secaderos y cooperativas. Si bien descartó un desabastecimiento inmediato en góndola, alertó sobre un daño estructural profundo en toda la economía yerbatera y la pérdida de empleo en la región. “Sin previsibilidad ni esperanza, nadie quiere arrancar una nueva zafra”, concluyó.
Fuente: Canal 12
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