Las huertas comunitarias e institucionales se han consolidado como espacios donde la producción de alimentos se vincula con la educación, la salud y la construcción de comunidad. Desde la Secretaría de Unidad de Coordinación y Gestión Municipal, bajo la conducción del Ing. Leonardo Stelatto, se impulsa esta política pública orientada a la autosustentabilidad alimentaria, que busca promover hábitos saludables, fortalecer el trabajo colectivo y generar experiencias que integren a distintas instituciones de la ciudad.
De esta manera, el municipio continúa sosteniendo y ampliando el acompañamiento a instituciones educativas a través del desarrollo de huertas escolares, articuladas con propuestas de alimentación saludable. En estos espacios, estudiantes y docentes participan activamente del proceso de siembra, cuidado y cosecha, incorporando conocimientos sobre producción de alimentos, cuidado del ambiente y consumo responsable. Estas experiencias no solo aportan aprendizajes prácticos, sino que también fortalecen valores como la cooperación, la responsabilidad y el respeto por la naturaleza.
La política de huertas también se desarrolla en distintos espacios institucionales donde su impacto es profundamente social. En el Centro Nocturno Municipal, donde asisten personas en situación de calle, en los Centros de Prevención de Adicciones, en las unidades penales y centros de acompañamiento a personas con discapacidad, el trabajo con la tierra se transforma en una herramienta con un fuerte valor terapéutico, educativo y de inclusión.
La participación en las huertas promueve la construcción de rutinas, el aprendizaje de prácticas productivas y, sobre todo, la posibilidad de fortalecer la autoestima, el sentido de pertenencia y la proyección hacia nuevas oportunidades.
Como complemento de estas iniciativas, se impulsa además el proyecto de hornos ecológicos comunitarios, que permite aprovechar los alimentos producidos y generar nuevos espacios de encuentro, aprendizaje y participación. Estos dispositivos, construidos con técnicas accesibles y sustentables, recuperan saberes comunitarios y fortalecen la idea de producción y consumo responsable.
El impacto de esta política pública se refleja no solo en la producción de alimentos frescos y saludables, sino también en la transformación social que generan estos espacios. Las huertas promueven la participación, fortalecen los vínculos entre instituciones y personas, y revalorizan el trabajo colectivo como herramienta de inclusión y desarrollo comunitario.
Detrás de cada una de estas acciones hay un equipo de trabajo comprometido que acompaña a las instituciones, brinda capacitación y promueve la continuidad de los proyectos en el territorio. El objetivo es que estas experiencias no sean acciones aisladas, sino parte de una política pública sostenida en el tiempo, que continúe creciendo y consolidándose como una herramienta educativa, comunitaria y de promoción de la salud.



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