
En Data Urbana recorremos sus aulas que han visto pasar generaciones de posadeños. Sus paredes guardan risas, lecciones y memorias que hoy son parte de la identidad de la ciudad.
La Escuela Fraternidad N°4 no es solo un edificio: es un pedazo vivo de la historia educativa y social. Cuando en 1903 abrió sus puertas, pocos imaginaban que se convertiría en una de las instituciones educativas más arraigadas en el corazón de Posadas. Este año, cumplió 122 años de existencia, y su legado sigue más vigente que nunca.

Por sus bancos pasaron generaciones que hoy son abuelos, padres y jóvenes. Uno de ellos fue Alcibíades Alarcón, quien ingresó en 1947 y cuyo nombre quedó grabado en la memoria colectiva. Pero hay miles más: hijos de obreros, de inmigrantes, de profesionales, todos encontraron en esta escuela un lugar donde aprender no solo letras y números, sino también el valor de la comunidad.
Desde principios del siglo XX, este establecimiento acompañó el crecimiento de la ciudad. Sus primeros alumnos llegaron en una época en la que Posadas todavía se definía como una pequeña ciudad fronteriza. Hoy, quienes caminan por sus pasillos lo hacen en una urbe moderna.

La escuela nunca se limitó a ser solo un centro de enseñanza. Fue (y sigue siendo) un punto de reunión social, cultural y hasta afectivo para la comunidad. Sus festivales, sus actos patrios y sus actividades reflejaron los cambios de la sociedad posadeña.
Hoy, la Fraternidad N°4 enfrenta nuevos retos, pero su mayor fortaleza sigue siendo la misma: la gente que la hace posible. Al cumplir 122 años, esta institución no se conforma con ser un recuerdo del pasado. Sigue escribiendo, día a día, su historia.

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