El inicio del año muestra un escenario de precios con señales mixtas y un límite claro: la capacidad de compra de los consumidores. Desde la Federación Nacional de Almaceneros advierten que, tras una meseta registrada en diciembre, enero comenzó con aumentos puntuales en algunos productos, aunque muchos de ellos no logran sostenerse ante un consumo cada vez más ajustado.
Fernando Savore, vicepresidente de la entidad, explicó que algunos productos de consumo diario, como los lácteos, registraron subas cercanas al 2,5%, incrementos que impactan directamente en el gasto mensual. “La leche se compra todos los días y cuando sumás, el aumento se siente”, señaló en una entrevista reciente, y remarcó que hoy el comportamiento del consumidor marca el verdadero límite de los precios.
El dirigente advirtió que varias empresas envían listas con aumentos que luego deben corregir. “Hay compañías que mandan subas y a las semanas envían bonificaciones porque se dan cuenta de que la gente no las puede pagar”, explicó. También cuestionó incrementos exagerados, especialmente en productos estacionales, y criticó la especulación en la fijación de precios.
El consumo se mantiene retraído y los hábitos de compra cambiaron. Según Savore, los consumidores ya no llenan la heladera por miedo a aumentos y evitan ofertas que obligan a gastar más. Este comportamiento limita la posibilidad de mantener aumentos y obliga a los comercios a adaptarse constantemente a lo que los clientes pueden pagar.
Los primeros meses del año suelen ser especialmente difíciles para los almacenes. Enero y febrero muestran bajas en las ventas mientras los costos fijos, como luz, impuestos y servicios, siguen aumentando. Esto genera presión sobre los comerciantes y mantiene un escenario de tensión en los precios.
Finalmente, Savore alertó sobre la presión sobre los salarios y el bolsillo del consumidor. Con aumentos en impuestos, energía, transporte y combustible, los ingresos se mantienen estables, lo que deja a los consumidores con menor capacidad de compra y obliga a los comercios a replantear sus precios de manera constante. Productos como morrón o cereales en caja que alcanzaron precios muy altos dejaron de venderse, reflejando el límite que impone el bolsillo en este contexto.
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