Puerto Iguazú Misiones – La historia de Nélida Verón, es más que una biografía; es un manifiesto sobre la resiliencia humana, el valor del esfuerzo compartido y el poder transformador de la fe. Mujeres Guazurarí en Acción te predbeta la parte de la historia de vida de la docente, cuyo camino comenzó en San Pedro en 1966, ha forjado su vida a base de sacrificios que hoy sirven de ejemplo para toda la comunidad.
El Despertar de la Adversidad y el Sacrificio Compartido
Tras un difícil inicio marcado por la separación de sus padres y una huida violenta que la llevó a Misiones a los seis años, Nélida y su hermano enfrentaron la carencia extrema. «Teníamos todas las dificultades, muchas veces no teníamos para comer,» relata Nélida, recordando cómo su hermano salía a vender picole y estampitas para llevar algo a casa.
El símbolo más conmovedor de su niñez es la solidaridad forjada en la necesidad: «Para estudiar teníamos solo una zapatilla, cuando mi hermano venía de la escuela yo lo esperaba con unas ojotas, él me daba la zapatilla yo las ojotas.» Este acto de amor fraternal se repitió hasta que, mediante el trabajo conjunto en una huerta, lograron comprar calzado propio: «Vendimos las verduras y nos compramos zapatillas uno para cada uno. Sabes cómo cuidábamos las zapatillas.»

La Búsqueda Incesante de Conocimiento
A pesar de las dificultades económicas que la obligaron a dejar los estudios, Nélida nunca renunció a aprender. Su deseo de progreso la llevó a trabajar en una clínica, donde su dedicación la catapultó de la limpieza a roles técnicos. *»Yo quería aprender y salir un poco de la pobreza,» afirma.
El apoyo de figuras clave fue decisivo. La Dra. Gladys Quiñones no solo le enseñó a trabajar en el laboratorio, sino que la impulsó a seguir formándose. «La doctora me dijo que debía estudiar y me inscribí en el SIPTED… La doctora me ayudó en todo y principalmente a qué yo siguiera estudiando,» explica Nélida, quien logró avanzar en Magisterio gracias a ese impulso.

La Familia y la Fortaleza Espiritual
Tras trabajar como técnica de laboratorio por seis años, Nélida se mudó y continuó su formación docente. En un punto de su vida, conoció a quien sería el padre de su única hija: «Me enamoré del padre de mi única hija Florencia.»* Sin embargo, tras unos años, la vida dio otro giro: «Después de unos años me separé y regresé a Iguazú.»
Más allá de los desafíos personales, Nélida compartió el núcleo de su fortaleza: «Soy cristiana, soy evangélica… después de mi separación entré en una depresión grave, pero mal, y bueno, gracias a Dios estoy de pie mediante eso.»* Este pilar espiritual es para ella fundamental: «Para mí todo es Dios, él es todo, él es mi razón de estar.»

Disciplina que Cruza Metas
La misma tenacidad que la llevó a estudiar y a superar la adversidad se refleja en su dedicación al deporte. Hoy, Nélida Verón es también maratonista, demostrando que la disciplina que aprendió en la vida se extiende a su resistencia física. Con casi 30 años de servicio docente, Nélida es la prueba viviente de que el esfuerzo, guiado por la esperanza y la fe, puede transformar cualquier origen.
Gladys Galeano – Puerto Libertad
Proyecto Mujeres Guacurarí en Acción
AGENCIA DE NOTICIAS GUACURARÍ



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