Soledad Varela es posadeña, tiene 39 años, es licenciada en Recursos Humanos y especialista en discapacidad. Su trayectoria está marcada por una lucha constante en defensa de la igualdad de oportunidades para quienes atraviesan situaciones de discapacidad.
Durante la entrevista, contó en detalle cómo comenzó su camino: “Hace 15 años que trabajo en el ámbito de la discapacidad. Pero más allá del tiempo, lo que realmente cambió fue mi mirada.
Empecé a partir de un hecho que me marcó en mi adolescencia: sufrí bullying en una institución educativa porque, claro, era ‘diferente’. Pasé de sentirme sola, de ver que nadie hacía nada para que me sintiera mejor, que nadie se ocupaba de resolver las situaciones que estaba atravesando. Pude salir adelante gracias al acompañamiento de mi familia, que actuó a tiempo”, indicó.
Además, hizo una reflexión sobre su experiencia a lo largo de estos años: “Desde ese momento me hice la pregunta: ¿por qué me pasa esto? Y, gracias a la terapia, pude transformarla en un ¿para qué me pasa esto? A partir de ahí, inicié un camino de lectura, análisis e investigación de la temática. Desde chica, de alguna manera, lo abordé desde un punto de vista más técnico, y con los años fui entendiendo que la discapacidad no es solo un tema profesional, sino profundamente humano, social y también político”, destacó.
Asimismo, contó cómo es su labor dentro del área: “Hoy no trabajo ‘sobre’ la discapacidad. Trabajo con personas, con familias, con vidas humanas, con realidades concretas que merecen el mismo amor, respeto y oportunidades que cualquier otra persona.
Cada vez que estoy en contacto con diferentes realidades, vuelvo a recordar algo muy claro para mí: cuando hay información, el desafío es transformarla en decisiones concretas que generen respuestas reales y entornos preparados.
No hubo una sola inspiración, fue un proceso. Son las historias reales, las familias, las personas con discapacidad y neurodivergentes que, todos los días, tenemos que adaptarnos a entornos que no siempre están preparados.

Ahí entendí que, a veces, no falta información. Falta transformar esa información en acciones. Como suelo decir: no es falta de información, es lo que hacemos con ella”, enfatizó.
Seguidamente, expresó cómo fueron sus inicios y su evolución en el ámbito: “Desde ese lugar decidí involucrarme, no solo como trabajo, sino como compromiso, como estilo y propósito de vida.
Mi meta es ir más allá de la inclusión como discurso. Creo que es momento de dar un paso más: pasar de hablar de inclusión a aprender a convivir, entendiendo que todas las personas somos diferentes, no solo quienes tienen una discapacidad.
Una sociedad justa no es la que incluye, es la que está preparada para convivir y generar oportunidades reales. Y para eso también es fundamental la representatividad”, sentenció.
Sobre su forma de trabajar, agregó: “No sé si me siento una referente, pero sí tengo muy claro cómo trabajo: con formación constante, disciplina y mucha responsabilidad, pero sobre todo, con respeto.
Nunca expuse a nadie para generar impacto. No utilizo a las personas ni a esta causa, en la que confío plenamente, para que me crean. Siempre priorizo el cuidado de las personas.
Y también estando cerca, escuchando. Creo que cuando uno escucha de verdad, entiende que la discapacidad no es un concepto: son vidas concretas. Y eso cambia la forma de comunicar y de trabajar”, puntualizó.
Finalmente, habló del rol clave de la mujer en el ámbito de la discapacidad: “Cuando hablamos de discapacidad, hablar de mujeres es fundamental, porque normalmente somos nosotras quienes sostenemos los cuidados, acompañamos y organizamos la vida familiar. Y muchas veces lo hacemos solas.
Cuando aparece la discapacidad, a veces lo que se expone no es la condición, sino las desigualdades que ya existían. Y también están las mujeres con discapacidad, que enfrentan barreras adicionales.
En ese contexto, más que hablar de fortaleza, hablaría de todo lo que aún necesitamos revisar como sociedad. El cuidado sigue teniendo rostro de mujer, y eso también nos invita a repensar cómo distribuimos las responsabilidades.
Creo que, más que instinto, hay una construcción social muy fuerte. Se espera que la mujer cuide, y eso hace que, cuando aparece la discapacidad, el cuidado recaiga casi automáticamente en nosotras. Eso no es una ventaja, es una responsabilidad que muchas veces limita otras posibilidades.
Por eso, si queremos avanzar en una inclusión real, también tenemos que hablar de corresponsabilidad y de cómo organizamos la sociedad.
La discapacidad muchas veces incomoda, pero no por lo que es, sino porque nos invita a mirarnos, a observar cómo estamos actuando, lo que estamos haciendo, lo que no, y a transformar la realidad”, concluyó.
Silva Yohana
Proyecto Mujeres Guacurarí en Acción
Agencia de Noticias Guacurarí



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